La tenemos encendida simplemente por la costumbre, por un absurdo automatismo. Se ha convertido en una manera de rellenar huecos de silencio, de crear compañía vacía de contenido real. Es una de esas adicciones modernas que proporcionan una recompensa inmediata y estéril. Te libra de quedarte a solas contigo mismo. En su mayor parte, una inyección dulzona de almíbar en las meninges: Fácil de ingerir, sin texturas que explorar, y sólo engorda.
Aún no sé donde nos perdimos y dejamos que el ruido sustituyera a la música.
Por suerte, cada vez la encuentro más enervante. Siempre fueron imágenes, pero ahora es sobre todo un estruendo inmisericorde: sonidos machacones y estridentes que se solapan sin parar. Afortunado de mi, eso está haciendo que sea consciente del tiempo que no quiero perder.
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Ruído.
Publicado por Silgo en lunes, julio 07, 2008 3 comentarios
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Etiquetas:
costumbre,
Ruído,
televisión
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