Muchos han sido los momentos en los que me he reído bien a gusto con los Guiñoles, especialmente en una etapa en la que el gobierno de cierto personaje nefasto, y toda su camarilla, se hizo insoportable. Siempre conseguían encontrarle el punto surrealista al día a día (aunque hay que reconocer que a veces el día a día se lo ponía bastante fácil) Y les agradeceré toda la vida que hayan caracterizado al 'bigotes' como Darth Vader.
Pero como todo en esta vida, y no puedo dejar de acordarme de los que fueron su inspiración: aquellos geniales 'Spitting Image' británicos, las cosas se acaban.
¡Los Guiñoles han muerto, vivan los Guiñoles!
Adiós, Guiñoles, adiós.
Publicado por Silgo en viernes, julio 04, 2008 0 comentarios
El primer recuerdo.
A veces, cuando puedo permitirme el lujo de pensar en las musarañas, me asalta una de esas preguntas que no van ni vienen a ninguna parte. Me gustaría saber cual es mi primer recuerdo, la primera imagen que grabé en mi memoria cuando quizás todavía no era capaz ni de expresar lo que veía.
Desde la bruma de mi memoria acuden escenas fugaces de algún dibujo animado bastante añejo, algún juguete, y quizás también alguna escena familiar dispersa, en especial arrebatos de estrés de mis padres debido a travesuras mías. Podría ser cualquier momento entre los 3 y los 4 años, pero no lo tengo nada claro. La dificultad de fijar esos recuerdos me causa divertidos 'deja-vus BadeRunnerianos'.
Esas imágenes, esas escenas, son pequeños e irrepetibles tesoros.
Publicado por Silgo en jueves, julio 03, 2008 2 comentarios
La antesala del cambio.
Hoy he vuelto de la compra con cuatro bolsas de plástico, que he metido en un cajón donde moran una infinidad de otras bolsas, también de plástico. Mi fruta viene envasada en bandejas de poliestireno (o algún material de pelaje similar), y envueltas en un 'film' plástico. El agua, la leche y el aceite, en botellas de plástico. La caja de té también viene envuelta en plástico, y dentro de ella, cada dósis indiviual viene también envuelta a su vez. Los yogures, el queso, el jamón...
Al asomarme por la ventana, los coches pasan bajo mi mirada. La mayoría casi vacíos, casi todos moviendo 1500 kilos para transportar una única persona.
La tele, el DVD, el viejo VHS, el router WiFi, la Wii, el teléfono inalámbrico, el aire acondicionado... Todo en standby todo el día y toda la noche.
Las luces del trabajo encencidas también de sol a sol, los ordenadores que la gente no apaga...
Me da en la nariz que todo esto va a tener que ir cambiando.
Pan y circo.
Bueno, España ha ganado la Eurocopa ¡Que bien por la parte que nos toca a todos! Orgullo gregario rebosante que se manifiesta en forma de olor a pólvora, en gritos, en éxtasis colectivo, en mil bocinas que ríete tú de las de Jericó.
Tenemos nuestro circo, y con eso y un poco de pan ya estamos saciados. Ahí nos las den todas.
Lenguaje machisto.
Divertida, aunque también algo estéril la polémica desatada por la 'miembra' del gobierno, la señora Bibiana Aído. Y es que de vez en cuando nos da por sacar las cosas de quicio, confundir el tocino con la velocidad, o en este caso el género con el sexo.
Y es que claro, aludir a las féminas con una 'o' final es un uso machisto de la lengua: Pónganse en pié(o) las juristas y juristos del mundo, y hagan una ley(a) para que tanto las puristas como los puristos estén contentas y contentos. Aprieten las tuercas a esos mastuerzos machistos de la Real Academia, y que ya de paso, no permitan que haya sustantivos o sustantivas que acaben en nada que no sea 'a', u 'o'. Para así dejar bien claro si se refieren a lo masculino o a la femenina, y detectar más posibles casos o casas que abunden en la misoginia recalcitranta. Dejemos y dejemas de darnos y darnas siempre contra la misma pareda, y avancemos y avancemas.
Y así, como muestra de mentalidad progresista y transgresora, cambiemos y cambiemas los apellidos y las apellidas en función del sexo o la sexa de su portador o portadora. Ahora se me ocurre, por ejempla, doña Isabel Tocina. O mejor aún, y sin ir más lejas, doña Bibiana Aída.
Irlanda y la ilusión.
Una vez más, nos encontramos ante un revés para la ratificación de un tratado que intenta modificar el marco de competencias de la Unión Europea. Hace poco era la defenestrada 'Constitución Europea', hoy es el 'Tratado de Lisboa'.
La constitución intentaba entrar por la puerta grande, con referendos en los países miembros. Con fiesta, con fanfarria y triunfalismo se nos anunciaba que el texto nos iba a unir más. Pero, la verdad es que era un texto a medias, que no contentaba a nadie. Ni a los que quieren una Europa más integrada, ni a los que quieren más soberanía de los estados que la forman. Ni 'chicha, ni limoná'
Ahora, el tratado se cuela de tapadillo. En la mayoría de los países, con la honrosa excepción de Irlanda, la previsión es que el tratado se apruebe por mayoría parlamentaria. Es decir, sin concurso directo de los sufridores del mismo: nosotros. Es una de esas bonitas jugadas del tipo: "No conseguimos que lo votéis, pues lo aprobamos nosotros y listo". Hoy Barroso, el cuarto hombre de las Azores, declaraba tras conocerse el resultado negativo de Irlanda que el proceso de ratificación continúa a pesar del todavía caliente 'no'.
Es para preguntarse porque está pasando esto. Mi conclusión es que no han conseguido, y en general parece que ni lo intenten, ilusionar con la idea de Europa. Estamos perdidos en una maraña de tecnicismos mercantiles y de intereses locales, que de por sí es farragosa, pero que no tendría mucha importancia si hubiera una visión de futuro que atrajera a la gente. Lamentablemente esta visión no existe, y algunas de las cosas que nos llegan son harto perniciosas , como las 65 horas famosas, o las 'reglas secretas' de seguridad aeroportuaria, o un Euro que nos ha subido el coste de la vida en un 60%. ¿Cómo quieren que queramos más Europa de esta manera? Señores políticos, hágannos soñar con algo en vez de marearnos. Véndannos un proyecto consistente, un futuro de bienestar, de progreso, de justicia. Algo por lo que merezca la pena soñar, que suene a nuevo pero no a imposible, y que haga que la gente se mueva en una misma dirección.
Mientras tanto, resabiados como estamos, seguiremos sin ver nada claro.
Quizás valdría la pena perder la Esperanza.
Una vez más, la comunidad de Madrid nos regala una perla digna de ellos: El Servicio Madrileño de salud vende a una multinacional la asistencia sanitaria de 400 mil personas.
No es que sorprenda, al fin y al cabo es un paso más de un buen gobierno neoliberal que se precie de serlo. Pero para el bienestar de la gente que depende de dicha región sanitaria es calamitosa.
Las empresas tienen como objetivo final no la satisfacción de sus clientes -por mucho que utilicen ese leitmotiv- sino la búsqueda del máximo beneficio de sus accionistas. Y parte de esta búsqueda consiste en el recorte incesante e implacable de gastos. Ya se sabe, que si dos aceitunas menos por aquí, que si un médico menos de guardia por noche y nos ahorramos unos euretes, que si a donde vamos con cuatro quirófanos abiertos, que con tres tenemos de sobra y con dos tiramos si apretamos a los cirujanos, etc. El mundo empresarial funciona en buena medida así, quien más quien menos habrá vivido ejemplos de primera mano. Y ya sabemos todos cual es el siguiente paso del engranaje: Cuando se recortan gastos, los que acaban pagando el pato suelen ser los usuarios/clientes -y los trabajadores, claro, pero eso es materia para hablar en otra ocasión-
Extraña un poco más el escaso eco que esta noticia ha tenido en los medios de comunicación. Y, sobre todo, es preocupante la pasividad de la gente ante algo que les puede afectar de forma muy directa.